Asertividad ¿A mitad de camino entre la pasividad y la agresividad?

ByLuis Santamaria

Asertividad ¿A mitad de camino entre la pasividad y la agresividad?

Asertividad

Nos han explicado en múltiples ocasiones que la asertividad, esa habilidad emocional de conseguir lo que uno desea de forma aceptable o adecuada para el otro, consiste en una conducta situada a medio camino entre la conducta pasiva y la conducta agresiva. 

Sin embargo, si analizamos cada una de esas conductas, veremos que podemos encontrar muchas cosas en ese trayecto, pero difícilmente encontraremos la asertividad.

La pasividad aparece cuando la persona considera que su necesidad no es lo suficientemente valiosa, y más aún, que ella como persona, no se merece conseguir eso que desea o necesita. La persona fracasa en la defensa de su derecho a conseguir lo que desea y no respeta su propia necesidad.

La agresividad es una conducta orientada a conseguir lo que la persona quiere o necesita, sin importar o preocuparse por la otra persona, quiere satisfacer su necesidad a cualquier precio, de cualquier manera, y eso lleva, en muchas ocasiones, a conseguirlo, incluso en contra de la voluntad de la otra persona implicada. En esta ocasión, la persona que se comporta de manera agresiva consigue muchas veces satisfacer su deseo, pero fracasa en respetar la voluntad del otro.

Frente a estas dos conductas que fracasan en el respeto, propio o del otro, se sitúa la asertividad, conducta que procura satisfacer la necesidad propia, pero buscando la forma que lo haga apropiado para la otra persona. La asertividad busca respetar tanto al ejecutor como a la otra persona.

Una prueba de esta relación no-lineal sino confrontada de estas tres conductas, nos la brinda el análisis de la pasividad y la agresividad en situaciones límite y sus respuestas más frecuentes.

La persona que actúa de forma pasiva con excesiva frecuencia, no es extraño que, en un momento concreto estalle y reaccione de forma altamente agresiva, es la reacción bien conocida en psicología de la “victima” que pasa a ser “perseguidor”, deja de no respetarse a si mismo y pasa a no respetar al otro.

Por el otro lado, la persona que se comporta de forma agresiva, cuando se excede y se da cuenta de ello, es posible que empiece a deshacerse en disculpas, y en ofrecerse sumisamente a hacer lo que sea por la persona agredida, pasando a mostrar un comportamiento pasivo. Estamos frente a la reacción de “perseguidor” a “victima”. En ambos casos, como indica Steve Karpman en su “Triángulo Dramático” se dan unas relaciones infructuosas que no satisfacen a ninguna de las partes.

Así, podemos deducir que la asertividad no está a mitad de camino entre la pasividad y la agresividad, sino frente a ambas conductas. Y el paso entre ellas se da, pero entre pasividad y agresividad, es decir entre la falta de respeto a uno mismo o a los demás.

Asertividad

Solo un planteamiento desde la autentica Asertividad puede hacer que la persona salga victoriosa consiguiendo respetarse a sí misma y respetar al otro. Y esa habilidad emocional, necesita una buena dosis de empatía, una sólida autoconciencia emocional, y un buen hábito de escucha, para poder establecer buenas relaciones interpersonales.

Favorecer cada una de estas habilidades con la ayuda de un coach puede ayudar a la persona a sentirse más plena y satisfecha, a ser mejor compañero o compañera, mejor manager y a establecer un entorno de buenas relaciones con las personas con las que se relaciona diariamente.

Luis Santamaria
Psicólogo Coach

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