El impulso que me lleva o ¿quién maneja mi barca?

ByLuis Santamaria

El impulso que me lleva o ¿quién maneja mi barca?

Impulsos

El mundo de la empresa comporta, para las personas con responsabilidad, una constante toma de decisiones, no siempre en las mejores condiciones ni con todos los datos deseados.

En sesiones de coaching con gerentes y responsables de diferentes áreas de negocio de las empresas con las que trabajo, me he encontrado frecuentemente con personas con problemas de impulsividad. “Todo es urgente…, todo se tiene que hacer para ayer…, no podemos perder tiempo…”,  etc… Son afirmaciones que acompañan un amplio abanico de explicaciones que en definitiva no dejan de ser meras justificaciones que nos dejan más tranquilos.

Sin embargo, la verdadera razón de esa impulsividad radica, en demasiadas ocasiones, en motivos mucho más internos que los expresados.

El control de los impulsos es una de las habilidades emocionales más valoradas en una persona que ostente una responsabilidad en una empresa y está relacionada con la capacidad de la persona para retrasar la satisfacción de un deseo o una necesidad.

En niños, esta habilidad se experimenta dejándoles unas golosinas mientras nos ausentamos de la sala de juego, habiéndoles prometido que, si son capaces de no comérselas, les premiarás con el doble de golosinas. Unos niños no tocan las golosinas, esperando el premio mayor, mientras que otros, cuando estás saliendo por la puerta, ya están ocupándose de comerse las golosinas presentes. Tienen que satisfacer su necesidad inmediatamente.

impulsos

En adultos, las golosinas se han transformado en ser capaces de esperar antes de dar su opinión, antes de escuchar y valorar a los otros antes de responder a la primera oportunidad posible.

La receta más frecuente para resolver esta falta de habilidad es el famoso “contar hasta diez”, pero en mi experiencia he podido constatar que, o la persona ve una ventaja clara para sí misma o no incorpora de forma eficaz ese comportamiento.

Por ese motivo, quizás sea más eficaz hacer reflexionar a la persona sobre lo que se está perdiendo al no permitirse escuchar bien a la otra persona, la exposición que está realizando, lo que quiere decirle, etc.

Pensar la respuesta inmediata que nos surge, escribirla para permitir su manifestación y que se rebaje así la ansiedad, pero, guardándola para revisarla un poco más tarde, puede ser una técnica útil para estas personas que tienen dificultades para frenar la reacción inmediata.

Responder inmediatamente a aquel mail que nos ha hecho saltar de la silla, pero guardarlo unas horas en “borradores”, para releerlo al cabo de un rato, modificarlo si es necesario, y entonces, y solo entonces enviarlo. Este es un ejercicio habitual que recomiendo a mis coachees en las sesiones de coaching, cuando trabajamos la impulsividad que muchas veces preocupa a mis clientes.

La respuesta inmediata puede estar perfectamente orquestada por nuestro cerebro límbico, por nuestras emociones, y tenemos que hacer caso a nuestras emociones, son señales de alerta de nuestra mente que nos avisa de peligros, reales o potenciales, de injusticias, etc. pero disponemos de un cerebro muy bien preparado para, analizar esas emociones, valorarlas y dar una respuesta “razonada” a lo que estamos captando. La corteza prefrontal del neocórtex está preparada para hacerlo, solo tenemos que darle una oportunidad, es decir, un poco de tiempo para que realice esa valoración y permita que nuestra reacción no sea un producto directo de la emoción pura, que sea una reacción más adecuada.

Conseguir que todo nuestro cerebro “maneje nuestra barca” debería ser un objetivo de todo profesional que deba tomar decisiones, y el coaching es un medio adecuado para fomentar y desarrollar esta habilidad.

Luis Santamaria
Psicólogo Coach

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